En los años sesenta, la abstracción se consolida como la principal tendencia artística del medio, aunque asume vínculos con lo local por medio de referencias a lo precolombino. Al finalizar la década, se abren las puertas a un mayor compromiso crítico con los asuntos y la historia local. El surgimiento de obras en nuevos medios, particularmente la fotografía, ayudó a ampliar los horizontes de la producción artística y contribuyó a cuestionar el paradigma artístico de la modernidad. Al entrar al siglo XXI, el arte en el Perú se vincula a los circuitos internacionales mientras mantiene una relación productiva con los temas que afectan a la sociedad local.