La proclamación de la independencia en 1821 anuncia el fin del dominio español en América y el inicio de una nueva etapa en la historia del Perú. Pero este dramático cambio político no fue acompañado por una transformación similar en el ámbito artístico y cultural, ya que numerosos talleres prolongaron por largo tiempo las tradiciones coloniales. Fue solo con la aparición de una generación de artistas educados en Europa que se empezaría a afirmar la noción moderna de las bellas artes, una concepción del trabajo artístico sin precedentes en la región. A comienzos del siglo XX, el nacionalismo cultural surgió como el principal eje de la producción artística, consolidándose con la fundación de la Escuela Nacional de Bellas Artes y la aparición de los primeros artistas profesionales formados en el país. Así, los pintores indigenistas promovieron el rescate del mundo rural peruano y se interesaron por la plástica popular. Una vertiente opuesta, ligada a una visión más cosmopolita, empezará a cobrar fuerza solo a mediados de siglo, afirmando localmente diversas tendencias internacionales hasta dar paso a la abstracción.